lunes 23 de marzo de 2009

Rácano, Diáfano y Garrafal

El viento nunca soplaba cerca de Rácano,
era esa clase de tipo
que jamás rellenaría una cubitera
después de ponerse un whisky con hielo.
No le gustaban los niños,
ni los perros, ni los gatos.
Y odiaba a las mujeres,
sobre todo odiaba su forma de gritar.
Todos los días escribía en una columna
de mármol
direcciones de domicilios.
Le gustaba pasearse por los grandes almacenes
y frotarse con disimulo cerca de las dependientas.
A algunas las seguía hasta su casa
y después tomaba nota.
Por las noches se convertía en una rata
y podía ver cosas que la mayoría
ni tan siquiera sabe que existen.
En su restaurante favorito
pedía patata hervida
y si algún niño lloraba cerca
le soltaba un sopapo lleno de ira
y dejaba de llorar.
“Demasiadas soluciones
para tan pocos problemas”
solía repetir con gesto duro
después de cualquier tertulia gris
en la barra de un bar.



Diáfano fue sentenciado
a servir en una mansión,
le gustaba quebrantar las leyes
sólo por el hecho de quedar desnudo ante todos.
En realidad no era mala persona
pero cometió tantos asesinatos
que lo acusaron de mayordomo.
En sus temporadas de calma
escribía un diario que se llamaba
“Las épocas opacas”.
No sabía vivir sin declararse vivo.
Un día se le ocurrió hervir el tiempo
y apareció flotando
en el dormitorio de la hija del señor de la casa.
Las mismas cortinas rojas
que envolvían la cama de la joven
le sirven de atuendo
para caminar sin rostro
entre las montañas
de "la Sierra de los desaparecidos".



Garrafal tenía las uñas llenas de mierda,
se rascaba la espalda con tebeos enrollados
y nunca dejaba de respirar fuerte.
Se echaba largas siestas en los parques,
no era muy alto pero calzaba un 52
y caminaba agarrotado.
Tenía el pelo revuelto y la nariz torcida.
Guardaba fotos eróticas dentro de sus calzoncillos,
de vez en cuando las sacaba y tras un árbol
se sacudía las ganas.
Le habían echado de todos los burdeles,
no le dejaban pisar ni un hospital,
ni siquiera el cementerio
y en la cárcel sólo duró un día.
Tampoco le dejaban jugar con los perros,
ya que por su culpa cogían pulgas y garrapatas.
Un día de calor infernal
se remojó en el estanque
y todos los patos murieron.
Grotesco juró no conocerlo de nada.
Esperpento y Aberrante negaron ser sus hermanos.
Lo que nadie sabe es que en otra vida
Garrafal firmó un pacto con el diablo
y verterá toda su miseria entre los vivos.





- A lo lejos, Macabro los observaba, sabiendo que ninguno de ellos jamás llegaría a ser como él.

domingo 28 de diciembre de 2008

Gallipatos y pleonasmos

Todo comenzó cuando se acabó el rollo
y hubo que cambiar el papel de Baño.

Enormes lagartos salieron del báter
y a sus anchas poblaban los pasillos de la casa.


Lo juro y es verdad
que no es mentira:
soy sincero
al decir lo cierto.


Y entre gallipatos y pleonasmos
se hizo una luz y al rato
Baño se fue al cuarto de Al lado
y Al lado se fue al cuarto de Baño.


Pensé en salir afuera
pero la radio radiaba y radiaba:
“la plaga es definitiva,
la plaga ha llegado hasta los hospitales...”


Podía observar desde la ventana
a un hombre luciendo
una gran chupa de cocodrilo,
llamando por un móvil
y entonces mi teléfono sonó:
“ TENEMOS QUE HACER ALGO”
a lo que respondí:
"NO PIENSO HACER ESO"
y colgué.


Y entre riñas y rellertas
amaneció el día:

¿Porqué Al lado nunca tira de la cadena?
Porque Baño siempre deja las lentillas en la mesa.

¿Porqué Baño nunca hace la cama?
Porque Al lado nunca cambia las toallas.



Escuché golpes huecos
de tuberías
y escamas crujiendo
y arrastrándose hacia afuera,
me apresuré a cerrar la tapa
y sentado en el retrete observé
a Al lado afeitarse,
transmitía cercanía.

Y entre gallipatos y pleonasmos
se hizo una luz y al rato
Baño se fue a su cuarto
y Al lado volvió a estar cerca.

Cambié las toallas,
recogí las lentillas,
hice la cama,
tiré de la cadena y suspiré por un momento.
Pensé en salir afuera
pero la plaga era definitiva
la plaga había llegado hasta los hospitales.

Las doce

Disfrazando sombras,
atrapando voluntades
en las causas perdidas.
Socorriendo al fenómeno
PARÁLISIS
Forcejeando con el temblor,
discrepando con la ropa
que colgada del armario
toma formas fantasmales.
Rostros burlones planean
a mi alrededor,
me santiguo en el centro
de la noche,
ahora soy un niño,
intentaré recordarlo todo,
todo lo que me va a suceder
a partir de ahora.

sábado 19 de abril de 2008

Confesiones en el matadero

Ella fumaba sentada en una bombona de butano,
yo empezaba a sentirme rechazado,
de fondo, se oían los chillidos de los cerdos al morir,
la sangre nos llegaba en forma de vapor a la garganta.
- Entonces, ¿te soy indiferente? - suspiré
Y comenzó a reír estridente,
sus carcajadas se mezclaban con los gritos de los animales
y mi mirada se perdió en la hoja de un cuchillo.
- Podría ejercer de buena pero no me gustan las concesiones,
y además no es mi estilo - y volvió a reír
- Y después de esto, ¿va a cambiar algo? - pregunté,
soñando esta vez una respuesta agradable.
A lo que dijo - El sí ya lo tengo,
a partir de ahora acarrea tú con las consecuencias,
amor mío, no ha sido una de tus mejores tardes.
Y ese "amor mío" se me inyectó como veneno
y en mis venas burbujeó mi último grito de supervivencia:
- Tranquila, quien ríe último, ríe mejor.
- Sí, pero quien ríe primero, ríe seguro.
Y otra vez no pudo contener la risa.
Los gritos cesaron. Ya todos habían muerto.

domingo 9 de marzo de 2008

La niña bonita

la cara que se te pone cuando te digo que no
una sarta de verdades
que no puedes digerir
sinestesias de segundo grado
y ratas de dos cabezas
comiéndose el cielo

la cara que se te pone cuando te digo que no
ese último cromo del albúm
que el viento te pellizca
que vuela por los aires
se pega en una nube
y llueve pegamento

la cara que se te pone cuando te digo que no
merendarse el orgullo
con una copa de vino
esperando a las noticias
anunciarse en las revistas
y abortar el corazón

la cara que se te pone cuando te digo que no
sonsacar de lo nulo
la enésima negación
en la autopsia de la nada
sentada frente al vacío
rodeada de nuncas

martes 2 de octubre de 2007

Último acto

Me encuentro en el cuartucho
del final del pasillo,
intentando llamar a S.
Suda el teléfono.
Oigo los pasos frenados
de la vieja,
la oigo venir pero no llega.
S me quería.
Ya oigo su respiración rota,
cruje la puerta, entra.
S me debe alguna respuesta.
La vieja no me mira,
deja sobre la mesita
un cazo de metal
de sopa azul, está fría,
muy fría. Y se va.
Agarro el cazo
con las dos manos
pruebo un sorbo de la sopa,
pero no llamo a S.
S me quiso, de verdad.
S me traicionó.
Agosto es un mes
que rompe a llorar
sin motivo alguno.
S es como agosto.
La vieja es más octubre,
pienso estas cosas...
debo tener fiebre,
no me importa,
me desentiendo de todo
menos de S.
Y la bebo entera.
No me preocupa
quién ocupará mi lugar,
sé que lo hará tan mal como yo.
S sabe humillar.
Pero hubo cosas
demasiado buenas.
El veneno empieza a hacer su efecto.
Cae el teléfono al suelo.
S me quería.
No habrá ninguna respuesta.

jueves 6 de septiembre de 2007

Y que me quemen

Que mis pulmones se evaporen con el humo
Que mi sangre se reseque entre las costras
Que mis dedos se agarroten como alambres
Que mis sesos se pudran, sin memoria
Que mi sonrisa se marchite en cicatrices
Que mi frente con sudores se derrita
Que mis ojos se descuelguen de la cara
Que te olvide para siempre
Y que me muera.